Promotora

Posted By: Admin in Web San Luis

Herederos de un carisma que no es exclusivo de los hermanos, sino que se vive en cada persona que siente como suyo el proyecto de San Marcelino, queremos saludar a toda la gran familia marista e invitar a que nos reencantemos con nuestra propia vocación y misión.

 

Dios nos ha regalado talentos y nos pedirá cuenta de ellos, es el mensaje que encontramos en el evangelio de Mateo. Del mismo modo, hemos de asumir que somos portadores de muchos dones ¿cuáles? ¿cuántos? He ahí lo más difícil. No podemos hablar de un proyecto misionero y de servicio si no nos descubrimos primero a nosotros mismos, si no aceptamos que nuestra vida es mediación, es “instrumento” de Dios, que somos los “operarios” de la alegría de nuestros hermanos.

Los muchos años no siempre hablan de la eficacia en la misión, sino los signos de vida cristiana auténtica, comprometida y alegre que perciben los demás en nuestra propia persona: “por nuestros frutos nos conocerán”, parafraseando una frase del evangelio de Mateo.

 

Misión proviene del latín “missio”, que quiere decir “enviado”. He ahí la segunda parte gozosa de toda misión. Cuando una persona descubre el sentido de su vida, está “obligada” -cristianamente hablando- a ponerse en camino para responder a las necesidades propias y sobre todo, las de nuestro prójimo, como la Virgen María cuando sintió la necesidad de asistir a su prima adulta y embarazada, como Champagnat cuando fundó una congregación de hermanos para responder a la ignorancia de fe de su época, y sin ir muy lejos, como tú cuando sientes el deseo de ayudar, aconsejar, sugerir, corregir y lo haces a cuantos te lo piden o a cuantos tú te regalas.

 

Es necesario hacer el bien, cuanto más se pueda mejor. Cuando nuestras actitudes y vida entera se configuren y parezcan a las de Jesús, es señal de buen camino, es signo de santidad. Lograr nuestra santidad desde lo ordinario y no desde lo extraordinario, ése será nuestro gran reto para la vida.

El Padre que está en los Cielos conoce hasta lo secreto de nuestro corazón, es por ello que no hemos de aparentar ser buenos, no podemos predicar algo que no creemos, no podemos predicar lo que no vivimos, no podemos esperar un premio divino si no vivimos según el querer de Dios.

 

No nos corresponde, por último, necesariamente gozar de los frutos de nuestra misión, porque la vocación misionera es un misterio. El verdadero misionero hace el bien sin buscar fama. Otros disfrutarán de nuestro trabajo, otros gozarán y recordarán nuestro trabajo que ha sido trascendente. ¡Qué mejor premio que ése! Nos despedimos deseando, para toda la comunidad marista, un buen año misionero, tal como lo hemos querido expresar en esta sencilla carta: descubrirnos, entregarnos y tener esperanza… que sólo a Dios corresponde premiar la bondad de sus hijos.

 

Que María, la Madre Buena y San Marcelino nos regalen su bendición y protección y se haga extensiva para nuestros seres queridos.

 

Fraternalmente,

Hermanos Maristas

Colegio San Luis

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